Cinco tesis científicas sobre los fantasmas

1. Fallos cerebrales.

En los programas de televisión sobre fantasmas es habitual escuchar al típico médium que ha visitado un antiguo campo de batalla, tras pasar un par de noches en vela y a la intemperie, asegura haber visto cadáveres de soldados ensangrentados. Lo cierto es que en la mayoría de encuentros con los fantasmas estos no se limitan a aparecer de forma incorpórea, lo hacen con la ropa que llevaban en el momento de su muerte, ya sea una casaca soviética o un vestido victoriano. Y se aparecen de forma fugaz, como pequeños destellos.
Lo cierto es que los fantasmas nunca aparecen cuando llegamos al lugar en el que deberían aparecer, se manifiestan cuando llevamos allí horas y horas esperando a que aparezcan. Y hay una razón para esto. Según Joe Nickell, investigador del folclore y miembro del Comité para la Investigación Escéptica, las visiones de fantasmas son en ocasiones una ilusión que produce nuestro cerebro cuando estamos cansados y tenemos la mente en blanco, en un estado cercano al sueño. “Es una ilusión óptica”, explica Nickell en NBC News. “El párpado se contrae o un insecto vuela en nuestro campo visual y, momentáneamente, tenemos una visión mental. Es como si nuestro ojo tuviera una doble exposición por un breve momento”.

2. Parálisis del sueño

La parálisis del sueño ocurre cuando despertamos de un sueño, pero nuestro cuerpo no lo hace. Somos perfectamente conscientes de que ya no estamos soñando, pero somos incapaces de mover un solo músculo. Aunque nuestra vida no corre peligro, pues los músculos respiratorios siguen funcionando automáticamente, la situación genera una gran angustia, máxime teniendo en cuenta que suele estar acompañada de alucinaciones, en las que mucha gente cree ver fantasmas. No en vano, la mayoría de avistamientos de espíritus se dan en la madrugada, cuando es más habitual que suframos este tipo de trastorno del sueño.

3. Intoxicación por monóxido de carbono

En 1921 el oftalmólogo William Willmer publicó una investigación sobre una casa encantada en el American Journal of Ophthalmology. El doctor investigó los sucesos ocurridos en la vivienda de la familia “H” (de la que no da el nombre real). Todos los miembros de la familia aseguraban que en la casa se escuchaban sonidos de portazos, los muebles parecían moverse y se oían pisadas en las habitaciones vacías. Los niños sentían extrañas presencias y uno de ellos aseguraba haber sido atacado por un extraño. La madre llegó a tener una visión fantasmal. Pasado un tiempo la familia se dio cuenta de que todas sus plantas habían muerto. Fue entonces cuando descubrieron que había un fallo en el horno de la casa, que estaba expulsando gas. Willmer descubrió que la familia H sufría envenenamiento por monóxido de carbono.

4. Infrasonidos

Un laboratorio médico es un sitio inusual para las apariciones fantasmales, pero en 1998 el profesor de la Universidad Coventry, Vic Tandy, llegó a pensar que quizás los creyentes en lo paranormal estuvieran en lo cierto. Sus compañeros se quejaban de que notaban escalofríos, como si una presencia sobrenatural pasar a su lado rozándoles. La señora de la limpieza aseguró haber visto extrañas presencias por la noche y el propio Tandy tuvo que admitir que una noche que estaba solo tuvo una alucinación. Cuando Tandy empezaba a dudar de su profundo escepticismo, experimentó un nuevo fenómeno: mientras sostenía una herramienta en la mano esta empezó a vibrar. Entonces se dio cuenta que sólo se movía en el centro de la habitación, nunca a los lados.
Y empezó a atar cabos. Descubrió que habían instalado un nuevo ventilador en el laboratorio que generaba una frecuencia de 19Hz, imperceptible para el oído humano (que detecta los sonidos a partir de los 20hz), pero que provocaba extrañas vibraciones en el centro de la sala. En un estudio publicado en el Journal of the Society of Psychical Research, al que llamó The Ghost in the Machine, Tandy calculó la frecuencia generada por el ventilador que, al rebotar en las paredes del laboratorio, confundía a los trabajadores con sus vibraciones. En cuanto el investigador apagó el ventilador desaparecieron los fantasmas. Más tarde Tandy realizó estudios de infrasonidos y comprobó que algunos lugares tradicionalmente encantados como el Castillo de Edimburgo o el sótano de la Catedral de Coventry tenían también ondas similares a la de su laboratorio

5. Electromagnetismo

La mayoría de los científicos no consideran que los fantasmas merezcan un estudio, pero hay unos pocos que sí. Durante más de una década, Jason Braithwaite, neuropsicólogo de la Universidad de Birmingham, ha intentado esclarecer por qué los visitantes del castillo Muncaster de Inglaterra dicen que han visto fantasmas en las habitaciones y en los pasillos. "Estas experiencias han existido durante cientos de años, y merecen una explicación científica", afirma.
Su investigación se basa en los estudios dirigidos por Michael Persinguer de la Universidad Laurentian de Canadá, quien hace años observó que los campos electromagnéticos de baja frecuencia, que suelen generar los imanes de laboratorio, afectan al hemisferio derecho del cerebro y hacen creer a las personas que están sintiendo una presencia de otro mundo.
Cuando la región específica del hemisferio derecho que controla las nociones de lo "otro" están estimuladas por estos campos, los individuos a menudo aseguran que sienten una presencia: que hay algo, o alguien, con ellos en la habitación. Usando un dispositivo que él mismo creó con sensores que miden la potencia de estos campos electromagnéticos de baja frecuencia, Braithwaite detectó una actividad electromagnética inusual por debajo de los 50 herzios dentro y alrededor del castillo, una explicación posible para tantos años de apariciones de fantasmas.